
La palabra "amor" es posiblemente una de las más utilizadas en los últimos doscientos años. A su sombra se han justificado las atrocidades más espantosas y se han explicado las actitudes más solidarias. Los dictadores, los santos, los hechiceros, los bondadosos, los asesinos, los amantes, los analfabetos, los eruditos, los sacerdotes, los desenamorados, los parados, los caminantes… todos hablan de amor; aunque muchos no sepan de qué están hablando. Es cierto, que definir sentimientos es un gran desafío y un reto imposible de salvar del todo.
Para empezar vale la pena aclarar que el amor verdadero y trascendente del que hablamos no es el amor frenético de las novelas románticas, supuestamente eterno y, por decreto, excluyente.
Tampoco es necesario el amor de las tragedias griegas, dramático e irresistible.
No es un sentimiento sublime, reservado para unos pocos, ni tampoco algo que se siente exclusivamente en un momento de la vida frente a una única persona.
El amor al que debemos abrirnos es el amor de nuestro día a día, el sentimiento posible y cotidiano al que nos referimos cuando sentimos que "queremos mucho a alguien". Para llegar a esta meta, es imprescindible que seamos capaces de cosechar una relación con alguien que no solo sea importante para nosotros, sino que además consiga hacernos saber que somos importantes para ella.
Esa persona es alguien que celebre sinceramente nuestros logros; que quiera acompañarnos en los momentos fáciles y difíciles; que sea capaz de respetar nuestro tiempo y nuestras relaciones; que disfrute de nuestra compañía sin ponernos en la lista de sus posesiones.
En fin, una persona, cuyo bienestar siga importándonos, aun en los momentos en los que, furiosa por alguna razón o cegada por su enfado, nos asegure que ya no nos quiere; aun cuando lastimada y dolorida, se empeñe en prometer que jamás nos perdonará…
El amor, es la decisión sincera de crear para la persona amada un espacio de libertad, tan amplio, tan amplio, tan amplio, como para que ella pueda elegir hacer con su vida, con sus sentimientos lo que desee, aun cuando su decisión no me guste, aun cuando su decisión no me incluya.
El amor, al igual que la verdadera amistad, es un alma que habita en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas.
No voy a dar ningún nombre. Solamente decir que este "relato" va dedicado a todos mis amigos que me apoyan cada día, cada segundo y cada instante; y que aunque no vivamos siempre momentos felices, yo se, que en el fondo, nos queremos.
Gracias.