
Siempre que uno recorre un largo camino, aunque la recompensa sea sabrosa y deseable, pasa siempre por momento difíciles.
Coyunturas en las que todo parece ir cuesta arriba o cuesta abajo.
Son tiempos en los que necesariamente pasa por nuestra mente la tentación de quedarse en el lugar al que hemos llegado y olvidarnos del objetivo.
Las circunstancias son diferentes de aquellas en las que debíamos permitirnos descansar y festejar. Son tiempos en los que percibimos que el descanso no alcanza y que las fuerzas flaquean. Tiempos en los que sería bueno detenerse, y revisar el equipaje.
Siempre descubro en mi mochila una decena de cosas que no tengo que seguir llevando y que están allí porque alguna vez fueron útiles, porque alguien me pidió que las llevara, porque creí que eran imprescindibles, porque el corazón no me deja abandonarlas en el camino, cosas que cargo por lo mucho que me ha costado tenerlas, o simplemente por si acaso. Si pienso un poco, me doy cuenta de que todo ese peso terminará impidiendo mi marcha. Es una carga, que en el fondo, y sintiéndolo mucho, no compensa llevar si comparo el esfuerzo que supone con el beneficio que ofrece. Así funciona la tonta actitud de cargar con lo pasado, con lo viejo, con lo rancio... y todo cuesta arriba.
Deshacerse de todo tipo de adicciones, cosas, personas, conductas, actitudes, ideologías, se refiere a desapegarse de todo lo que, de alguna manera, no es tuyo. Lo único que verdaderamente te pertenece es aquello que no podrías perder en un naufragio…
Coyunturas en las que todo parece ir cuesta arriba o cuesta abajo.
Son tiempos en los que necesariamente pasa por nuestra mente la tentación de quedarse en el lugar al que hemos llegado y olvidarnos del objetivo.
Las circunstancias son diferentes de aquellas en las que debíamos permitirnos descansar y festejar. Son tiempos en los que percibimos que el descanso no alcanza y que las fuerzas flaquean. Tiempos en los que sería bueno detenerse, y revisar el equipaje.
Siempre descubro en mi mochila una decena de cosas que no tengo que seguir llevando y que están allí porque alguna vez fueron útiles, porque alguien me pidió que las llevara, porque creí que eran imprescindibles, porque el corazón no me deja abandonarlas en el camino, cosas que cargo por lo mucho que me ha costado tenerlas, o simplemente por si acaso. Si pienso un poco, me doy cuenta de que todo ese peso terminará impidiendo mi marcha. Es una carga, que en el fondo, y sintiéndolo mucho, no compensa llevar si comparo el esfuerzo que supone con el beneficio que ofrece. Así funciona la tonta actitud de cargar con lo pasado, con lo viejo, con lo rancio... y todo cuesta arriba.
Deshacerse de todo tipo de adicciones, cosas, personas, conductas, actitudes, ideologías, se refiere a desapegarse de todo lo que, de alguna manera, no es tuyo. Lo único que verdaderamente te pertenece es aquello que no podrías perder en un naufragio…