martes, 15 de marzo de 2011

Para que nada nos separe, que nada nos una



La idea de enamorarte de tu alma gemela, además de sonar un poco incestuoso, creo que es algo que nos ha hecho mucho daño, tanto a hombres como a mujeres. Da igual la edad, el color del pelo o de los ojos, o el lugar de origen... Esta idea de “exclusividad afectiva”, que existe uno para ti, y nada más, nos ha hecho pensar en “Mundos de yupi” y en consecuencia nos ha perjudicado. De hecho, hay mucha gente que se pasa la vida intentando descubrir en cada hombre, en cada mujer, si “es él”, “es ella”. Pobres… Y al terminar las relaciones se escucha a menudo esta inquietante frase, que a la vez es consuelo de muchos: “pues no era él”, “pues no era ella”. Pero el caso de que existiera un solo ser humano dispuesto para nosotros (uno para cada uno) sinceramente y siendo directa: lo llevamos claro. ¿Qué se supone que hay que hacer? ¿Buscarlo? ¿Esperarlo? ¿Esperar buscando? ¿Buscar esperando?

¿Y si el ser humano está en otro continente, qué!? Porque es bastante ilógico creer que hay una persona para ti, pero lo es bastante más, ya puestos, pensar que hay alguien para ti y que además vive en tu misma ciudad o trabaja incluso en tu mismo edificio… “Hola, soy tu vecino y además tu alma gemela”. “¿¡¡Pero qué me estás contando; qué casualidad, no?!!” (No digo que esto no pueda ocurrir, siento decirlo tan libremente y con tan poco tacto, sobre todo para la gente enamorada y con pareja, pero desde luego no es algo habitual).

¿Cabe la posibilidad que alguien nos diseñara de dos en dos y luego tuviera la mala leche de esparcirnos por el mundo? ¡¡Cómo se puede ser tan cruel!! Por otra parte, esto implica muchas más cosas. Lo malo de pensar así es la limitación que nos imponemos nosotros solos. Es como creer en el destino, a niveles, diría yo, nocivos (habló una que cree en el destino, y que últimamente no para de decir “si está escrito que nos encontremos, nos encontraremos”… ¿en dónde está escrito? ¿En la agenda?-oh, my dog :O ). No comment… Ese creer que” todo es por algo” y que las casualidades existen: puede volverte loco, afectar a tu salud mental y comenzar a enajenar… Y ese creer que “estás predestinado” a encontrarte con una persona en concreto que por el momento se mantiene de incógnito, es igualmente peligroso. Todo lo que sugiera que sólo hay un camino que seguir, una persona a la que amar o una forma de vivir, bajo mi punto de vista: es un atraso. Y repito, lo siento por las personas enamoradas o aquellas que ya hayan encontrado su “paraíso”.

Por qué no desechar cualquier posibilidad que no se encuentre de antemano en nuestra cabeza… ¡! Desechemos las planificaciones, dejemos de tachar cosas de una lista… empecemos a vivir!!! A vivir de verdad!!! A no planificar nada!!! Es como ir por la vida con un molde de galletas navideñas con forma de corazón ¿os lo imagináis? e intentar que las personas que encontramos a nuestro paso se adapten a ese fantástico molde. Y tras charlar, por ejemplo, unos minutos a la salida de un local le miras de arriba abajo y le dices: “un momento, por favor, no te retires ni tampoco te asustes, que te voy a poner un molde en la cabeza…” “Ah, pues no, no eres tú… ¡siguiente!”. Qué heavy y qué alternativo, ¿verdad? La vida no es esa… la vida no es así. No existe nadie perfecto. Amar es otra cosa, es aceptar a una persona con sus defectos y errores; y para ello a veces tienes que apostar y guiarte por tus instintos. Es una postura cómoda decir “para que nada nos separe, que nada nos una” por favor: ¡¡¡Que el temor de fallar no te impida jugar!!!

A veces hacemos por adaptarnos a ese molde y otros hacen por adaptarse al nuestro, por incómodo que resulte escucharlo; Y todo esto por intentar seguir creyendo en ese “amor perfecto” del que podría estar hecho sólo para ti, ese “amor” creado por Disney y el Corte Inglés… Vamos, que si hay que cortarse los dedos de los pies para que encajen en el zapato de cristal, pues se cortan, total, tampoco es que los usemos tanto…

Y siguiendo con los cuentos de princesas y príncipes azules, creo que muchos somos ranas todavía. Permanecemos disimulados tras unos ojos saltones: azules-verdes-marrones, que parecen suplicar que alguien por fin nos descifre, que alguien traspase ese interminable trámite y nos conquiste y nos lleve a otro lado, a un paraíso o algo parecido, a sentir “mariposas” en el estómago o simplemente considerarnos “especiales” por ir caminando al lado de alguien, y pasear, pasear y pasear.

Pero eso, es lo que habrá que descubrir, sin prisa y con muchas risas. Por ahora, yo sugiero un poco más de aventura e improvisación… porque… nadie es perfecto. Y la vida está para vivirla!!!


1 comentario:

Samotracia dijo...

¡¡Brindo por ello!! Sinceramente, también soy una de esas ranitas de ojos marrones que describes.