martes, 24 de mayo de 2011

Comerse el tarro


Quiero dejaR claro aquí que no soy una desequilibrada (escribo esto mientras me balanceo sobre mí misma y me arranco mechones de pelo en una esquina de mi habitación ;) ). Sé que cuando me dicen “no le des tantas vueltas a todo” es por algo, pero tengo que decir que no le doy vueltas “a todo”, sino a “todo lo que me resulta interesante”. No me paso los días reflexionando sobre el precio de los tomates o las estupideces que escupen cuatro tertulianos por la televisión. Eso no. Comerse el tarro, a veces, es bueno. Una vez me dijeron que primero tienes que abrir el tarro, luego olerlo y si realmente merece la pena el siguiente paso es comértelo… y si crees que no merece la pena déjalo donde estaba, encima de una estantería de tú habitación y no te lo comas… pues será una auténtica pérdida de tiempo.

Por otro lado sé que es insano darle vueltas al mismo pensamiento una y otra vez hasta que ese pensamiento pierda el conocimiento y por tanto la importancia… Pero, yo creo que a veces no se trata de eso, sino de llenar cada paso de un nuevo significado es decir, dejar atrás las viejas certezas para adentrarse en las nuevas incógnitas… No está loco el que indaga. Simplemente se preocupa de sus cosas, de su vida… porque, nadie es perfecto.

1 comentario:

Samotracia dijo...

En nuestra cultura occidental nos queda claro desde niños que si quieres a alguien o algo, te tienes que preocupar mucho, sino es que no te importa demasiado.
Y, afortunadamente, en bastantes ocasiones, las cosas se solucionan por sí mismas, sin nuestra intervención, quiero decir.
Me gusta mucho tu blog.