miércoles, 14 de noviembre de 2012

Comedia


Yo me doy a la comedia porque no me queda más remedio. Ayer iba a una fiesta y estuve un buen rato pensando en mi flequillo, que es un tema menor en circunstancias normales, pero como estaba yo un poco insegura y muy centrada en ponerme guapa, me parecía un detalle esencial de mi existencia. Flequillo arriba, flequillo abajo, recto, de lado, que me queda mal, que no tiene cuerpo, que tengo un flequillo triste, sin personalidad, que se riza de un lado pero del otro no, que parece que he metido los dedos en un enchufe, que ¿qué he hecho yo para merecer este flequillo? Lo típico. Horas después conseguí dominarlo (pues buena soy yo cuando me pongo), y sentirme más o menos guapa. Salgo a la calle yo monísima, peinadísima y tal, y un coche atraviesa un gran charco justo a mi lado causando una especie de tsunami de agua sucia que me cubre por completo sin darme tiempo a reaccionar. Me mojó entera. Parecía que me había metido en una fuente vestida (como Anita Ekberg en La Dolce Vita, pero venida a menos). Oigo las risas de una pareja que venía detrás de mí y la chica me dice: nunca había visto nada igual.
Bien, ya somos dos. Y llego a la fiesta empapada y, lo peor de todo, con mi flequillo como si fuera una fregona usada! No hay mucha interpretación de esta anécdota. Está claro que existe una especie de justicia poética que en mi caso se pone en marcha cuando me tomo demasiado en serio a mí misma, o cuando me dedico a alimentar mis miedos en vez de acabar con ellos por inanición, o en definitiva, cuando me comporto como una idiota.
Una vez tuve un padrastro (y pienso registrar esta frase, porque me parece un gran inicio para una novela... Una novela histórica por ejemplo). Bueno, estuve dando la coña con el padrastro una semana, superpesada. Tengo un padrastro, cómo me molesta el padrastro, me duele el padrastro, se me infecta el padrastro, esto del padrastro a ver si al final va a ir a más, a ver si va a ser grave el tema... Unos días después, me fui a patinar y me rompí la mano. La mano del padrastro, obviamente. Tuvieron que operarme, ponerme una placa, rehabilitación y toda la movida. Evidentemente, el padrastro pasó a ser un tema menor, que es lo que había sido siempre.
--Y la pregunta sería: ¿qué cosas son realmente importantes? ¿Qué tipo de causas merecen que nos las tomemos tan en serio? Creo que casi ninguna de las que a diario nos preocupan. O sea, mi flequillo sí, claro, es un tema importante con el que todos deberíamos estar concienciados, je, ¿pero, qué otras cosas?

5 comentarios:

C. dijo...

Me ha hecho gracia lo del flequillo. Me recordó a una de mis mejores amigas. Obviamente, dedicamos demasiado tiempo a pensar en lo no trascendental.

raúl dijo...

la magnitudes de los problemas son personalísimas, cada uno se ve afectado por las cosas que le afectan, valga la redundancia. toda magnitud empequeñece, eso seguro, por contraste, al lado de un problema serio. un padrastro es casi una bendición al lado de una rotura, por ejemplo, tus conclusiones son muy ilustrativas. el flequillo, sagrado, eso sí :P

Amanecer Nocturno dijo...

Mira que me gusta este grupo y siempre me olvido de escucharle.

Un beso!

Lucecilla dijo...

Hay que ver lo que cambian las prioridades e importancias a veces... Siempre he creído que hasta que no vaya solucionando las pequeñas cosas que me preocupan, las grandes no se solucionarán tampoco. Qué relativa es a veces la importancia. Me encanta esa canción, por cierto.

Ŧirєηzє dijo...

jjeje...
mi abuela tenia siempre en la boca un dicho que decia....
" lo poco espantan,...y lo mucho amansa"...


pues con esto...todo queda dicho...
es asi tal cual....


Un abrazo...¡¡¡

Déjame que te cuente
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