lunes, 28 de enero de 2013

Madurando



Cuando yo era pequeña, creía que si no tenías dinero bastaba con ir a un cajero a sacarlo. Lo que no sabía as que debías haber ingresado primero ese dinero. También pensaba que, a cierta edad, la gente tenía hijos de forma espontánea, que era casi reglamentario que, si cumplías los treinta, venías ya con un hijo. Creía que los que sabían inmediatamente la hora que era mirando las agujas del reloj eran superdotados. Pensaba que la lechuga venía del agua porque a mi plato siempre llegaba mojada, y que el francés y el inglés eran idiomas inventados para las canciones. Creía que la televisión llegaba sólo a mi casa y que, si yo no la encendía, no estaban emitiendo nada. Suponía que mis mascotas nunca se morían, sino que iban a una granja de animales felices, hámsters, pollitos y gatos retozando sobre la hierba en un lugar paradisíaco. Pensaba que se podía medir la distancia entre países con los dedos sobre un mapa y que, al fin y al cabo, nada estaba tan lejos. Creía que los monstruos se escondían bajo mi cama por las noches y agradecí mucho que mi madre comprara una cama nido. Pensaba que nuestro Renault 4 amarillo podía oír lo que se decía sobre él. Cuando nos robaron la bicicleta de la parte trasera del coche, sospechaba que el ladrón seguía allí y tardé semanas en volver a sentarme detrás. Estaba convencida de que los americanos eran ricos y tenían que traer regalos cuando venían a España. Pensaba que los aviones los sujetaba alguien desde arriba, que el fin del mundo se encontraba en un acantilado en Calpe y que el mar terminaba en la raya del horizonte. Creía que Dios y el sol eran la misma persona y, por eso, las cosas que me daban miedo sucedían durante la noche, cuando Dios estaba durmiendo. Consideraba que mi abuela siempre había sido abuela, incluso antes de tener hijos y nietos. Suponía que mis padres insistían en que me lavara mucho los dientes para no tener que hacerlo nunca más de mayor. Creía que, para conducir tenías que ser padre, aunque mi familia era disfuncional y desestructurada (lo digo con cariño), porque el mío no conducía.
Así que, una de dos: o no era mi padre o simplemente éramos una familia especial, pero visto mi parecido físico con él, opté por pensar que éramos una familia especial. Y tras mucho reflexionar en cómo era posible que los Reyes Magos pudieran organizarse para dejar los regalos en casa de todos los niños en una sola noche, llegué a la conclusión de que lo que hacían era esconderlos una semana antes bajo la cama de mis padres, donde yo solía encontrarlos. Y quién sabe, puede que dentro de 20 años escriba una entrada desmintiendo todo lo que creo saber hoy. Afortunadamente, uno nunca es lo suficientemente mayor.


5 comentarios:

Forgotten words dijo...

Inmejorable final, "uno nunca es suficientemente mayor" totalmente de acuerdo con esto ;) Siempre es bonito y gratificante guardar un poco de ese niño que todos hemos sido

Pitt Tristán dijo...

Me ha encantado este texto. Y, en algunas cosas, no ibas desencaminada ya de pequeña, por ejemplo: hay a quien no le hace falta ingresar primero para sacar dinero del cajero; la lechuga, en el fondo, no deja de venir del agua; lo de que las mascotas van a ese idílico lugar no sólo lo cree mucha gente sino que incluso creen que van allí también las personas; la verdad es que, hablando de los países, nada está tan lejos, también en sentido metafórico; a los aviones seguro que alguien los sujeta desde arriba sino como se explica que vuele Ryanair; mcuhas veces es cierto que nuestro mundo acaba en un acantilano del Calpe de cada uno y también el mar en el horizonte; los antiguos egipcios, toda una fantástica cultura, también creían que Dios y el sol eran la misma persona; en fin, para no aburrir, queda demostrada que, también de pequeña, eras una mujer inteligente que interpretaba aquello que veía y que todo lo que te rodeaba era visto con los ojos de la mente.
Afortunadamente no sólo uno no es nunca suficientemente mayor, como dices, sino que tú eres suficientemente joven: ¡cuando eras pequeña ya había cajeros!

No.me.pises.que.llevo.chanclas. dijo...

Gracias por vuestros comentarios! Muchos besos!!!

Cé. dijo...

Me ha hecho mucha gracia lo de los regalos de Reyes. En cuando a lo de los hijos, nunca lo he pensado, pero lo de la tarjeta sí. Yo veía a mi tío sacar dinero y luego le contaba a mi madre que había un sitio mágico del que salían billetes si metías una tarjeta con un dibujo muy chulo que tenía mi tío.

Princesa Ono dijo...

Qué preciosidad! Qué imaginación! Gracias por compartirlo con nosotros