martes, 7 de agosto de 2007

La muerte


Un hombre rico mandó a su criado al mercado en busca de alimentos. Pero al poco de llegar allí, se cruzó con la muerte, que lo miró fijamente a los ojos.
El criado palideció del susto y salió corriendo dejando tras de sí las compras y la mula. Jadeando, llegó a casa de su amo.


-¡Amo, amo¡ por favor, necesito un caballo y algo de dinero para salir ahora mismo de la ciudad… Si salgo ahora mismo quizás llegue a Tamur antes del anochecer… ¡por favor, amo, por favor!
El señor le preguntó sobre el motivo de tan urgente petición y el criado le contó a trompicones su encuentro con la muerte. El dueño de la casa pensó un instante y, acercándole una bolsa de monedas, le dijo:
-Está bien. Vete. Llévate el caballo negro, que es el más veloz que tengo.
-Gracias, amo – dijo el sirviente. Y tras besarle las manos corrió al establo, montó el caballo y partió velozmente hacia la ciudad de Tamur.


Cuando el sirviente se hubo perdido de vista, el acaudalado hombre caminó hacia el mercado buscando a la muerte.
-¿por qué has asustado a mi sirviente?- preguntó en cuanto la vio.
-¿asustarlo yo? – preguntó la muerte.
-Sí- dijo el hombre rico. Él me ha dicho que hoy se ha cruzado contigo y lo has mirado amenazadoramente.
-Yo no lo he mirado amenazadoramente- dijo la muerte. Lo he mirado sorprendida. No esperaba verlo aquí esta tarde, ¡porque se supone que debo recogerlo en Tamur esta noche¡

2 comentarios:

Roberto Sanz dijo...

Creo que una de las cosas más increíbles es la introspección. Hay que buscar el fundamento de nuestros miedos. Los infundados nos hacen complicarnos la vida, y los fundados hay que resolverles.
Un besote
Rober

Hebe dijo...

Este cuento me le pusieron en el examen de lengua... A mi me parece que es bastante acertado porque muchas veces creemos ver cosas que no tienen ningún fundamento.