Todos
hemos pasado ese momento en el que, tras salir la noche anterior, despiertas un
sábado por la mañana y decides que no volverás a beber nunca más. Pero hay una
resaca todavía peor… El momento en el que despiertas un sábado por la mañana
con un hombre al lado y decides que no volverás a acostarte con nadie nunca
más. De repente, descubres que este tipo no te interesa demasiado y que tú a
él, me temo, que tampoco. Pero lo peor de todo esto no es encontrarte con él en
la cama sino que tú compañera de piso se lo encuentre en la cocina. Y ahí es
donde entro yo. Estar en la cocina, dispuesta a desayunar, recién duchada y sin
ganas de ir a currar (de momento un planazo) y de repente entra él, en
calzones, con legañas en los ojos y dispuesto a abrir el frigorífico… ¿perdona
tú quién eres? –Vivo aquí y no tengo ganas de saber quién eres tú… (Lo sé, a
veces la simpatía brilla por su ausencia).
¿Creéis
que una relación sexual tiene repercusión? ¿O simplemente es un mero polvo de
una noche?
Frivolicemos
o no: ¿no os habéis deprimido durante varios días, u os habéis sentido
absolutamente felices?
Yo lo
comparo siempre como cuando tomamos café con alguien durante horas: hay quien
te pone contento, hay quien te pone triste; hay quien te succiona toda la energía
y vuelves con las neuronas derretidas a casa y hay quien te contagia un ánimo
excelente con el que convives el resto del día, y eso te encanta!!!
C´est la
vie, nadie es perfecto y en temas del
amor menos…