sábado, 9 de junio de 2007

un cuento...

En un reino encantado y mágico donde las cosas no tangibles se vuelven concretas…
Había una vez un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes.

Hasta aquel estanque mágico se acercaron la tristeza y la furia para bañarse en mutua compañía.
Las dos se quitaron sus vestidos y, desnudas, entraron en el estanque.
La furia, que tenía prisa (como siempre le ocurre a la furia), urgida –sin saber por qué-, se bañó rápidamente y, más rápidamente aún, salió del agua…
Pero la furia es ciega o, por lo menos, no distingue claramente la realidad. Así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, el primer vestido que encontró…
Y sucedió que aquel vestido no era el suyo, sino el de la tristeza…
Y así, la vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calmada, muy serena, la tristeza terminó su baño y, sin mucha prisa –y, mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo-, con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se dio cuenta que su ropa ya no estaba. Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo. Así que se puso la única ropa que había junto al estanque: el vestido de la furia.

Cuentan que, desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada. Pero si nos damos tiempo para mirar bien, nos damos cuenta que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en la realidad, está escondida la tristeza.

3 comentarios:

Vinu dijo...

Interesante, esa historia de la mitología no la conocía. Hay una parecida, la del amor y la locura. te escribo en la entrada de la música, la primera de todas ok?
un beso y suerte cn todo

Nuria. dijo...

un dia de estos Vinu, pongo la del amor y la locura.................

un beso!!

Roberto Sanz dijo...

Si pero cuando el disfraz de una persona hace daño a otra, ese disfraz se vuelve más importante que lo que en esencia es. Por eso, no creo, q en este caso la apariencia pueda ser ignorada.
Un beso